El Viaje y el encuentro con el otro

Nuestra profesora de Lengua, Camila, nos asignó un trabajo que consistía en imaginar un viaje donde el humano llega a un lugar inesperado y fantástico y su  encuentro con criaturas que habitan allí.

Diario del capitán James Cook, 1770

Ese día llegamos en las dos carabelas que nos acompañaban, a un  lugar misterioso, lleno de vegetación y cavernas oscuras. Declaramos las tierras en nombre del rey Jorge III y comenzamos a explorar el lugar. Esperábamos obtener riquezas y en un futuro cercano que haya colonización en la isla. Estaba ubicada a 7020 km de las colonias británicas de Nueva Gales del Sur. Cuando llegamos descargamos el material y nos establecimos.

Una hora después enviamos un telégrafo a Londres por el descubrimiento. Yo y mis compañeros exploramos el interior de la isla. Fue entonces que a medida que entrabamos en lo profundo de las isla había personas muy extrañas nunca antes vistas. Criaturas de forma humana pero con diferente columna, cara y largos cabellos. Tratamos de contactarnos pero el huyó y se escapó por una de las largas oscuras cavernas. Decidimos seguirlo haber que encontrábamos. La caverna era un largo pasadizo que se hacía cada vez más angosto. La caverna nos llevó a una ciudad  llena de hombrecillos de mediana estatura. Sorprendidos, nos recibieron con honores y agasajos, entregándonos grandes cantidades de oro. Un pequeño muchacho nos condujo hasta la presencia de su rey. El me recibió con amabilidad, logré notar que mis compañeros no estaban presentes. Su lenguaje era parecido al de los nativos de Borneo, así que me contacté por señas.

En su honor me regaló una medalla de diente de carcaj. De repente aparecieron mis compatriotas con toneladas de oro muy reluciente. Su rey y sus secuaces gritaban con gritos de guerra. Parece que habían profanado un templo sagrado cubierto de oro. Rápidamente corrimos fuera de las cavernas pero ellos eran muy rápidos. Le dij a la tripulación que soltara las amarras de los botes. Sin entender nada, notó que nos atacaban así que soltó las amarras. Ya no nos atacaban, los pequeños hombrecillos le temían al agua. Preparamos la carabela y levamos anclas.

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