El Cuento gótico

En una tarde de otoño de 1895, ocurrió un asesinato en la calle Le Coq en París. Fue un sábado 20 de julio a las 16:30 hs exactamente en el número 32 de la calle. Tristemente falleció uno de los mas famosos periodistas de París, Jullian Ferrand que habia terminado de comprar un par de cigarillos en un local cuando lo asesinaron. Pero el que lo mató no es alguien común ya han pasado 8 crimenes en 3 días en este mismo barrio. Los familiares y vecinos de los asesinados llamaron a un investigador que ha realizado autopsias, descubierto crímenes, etc, el señor Paul Canttoneau. Cuando el investigador se enteró tomó una pipa y salió para la escena del crimen a mediano. Al llegar sacó una lupa y analizó el contenido. Le preguntó a los vecinos y una anciana señora le contestó que ella lo había llamado y que vio como fue el asesinato. Describió al asesino como de un metro ochenta, rostro cubierto, y que ella se escondió pero pudo ver que se le cayó una carta que ella había agarrado de la escena del crimen. Se la mostró a Paul y era una carta para el estimado periodista del asesino que iba a morir a la 16:30 hs del 20 de julio, tambien fotos familiares y su casa en Madrid. La anciana llamó al hospital y el periodista falleció el día después. El investigador descubrió que el era madrileño. Tras dias después del asesinato a Paul le llegó una carta. El detective la abrió y la leyó. La carta se le soltó de las manos su muy querido amigo que tambien era periodista había muerto. Salió para la casa de su amigo para ver si podía encontrar alguna pista. Y el asesino estaba escondido en un armario en la casa y justo cuando el detective entró el asesino salió porque la policía ya no estaba, Paulatinamente lo reconoció y pensó que era el mismo que había matado a Ferrand. Lo persiguió hasta que el malhechor se llevó puesto un poste de luz. El detective lo esposó y lo llevó a la comisaría. Allí descubrieron cartas del asesino a diferentes periodistas de distintos países de Europa. El asesino era español y era muy audaz y siniestro. Le gustaba asesinar periodistas porque nunca lo aceptaron para el periodismo, y lo condenaron a la horca.

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